Vergüenza. Desidia. Falta de empatía. Desinterés. Bochornoso. Estas son algunas de las palabras que resuenan con continuidad en las distintas paradas de Autobuses Neuquén, donde las frecuencias han disminuido desde que se conoció que el 31 de enero finaliza su contrato y el estado de los colectivos es impresentable, en su gran mayoría. Algunos choferes son conscientes de la situación y se suman a los reclamos de las y los usuarios. Dicen que el presente no es nuevo, que las unidades están descuidadas desde hace tiempo, pero que se profundizó en las últimas semanas. Lo peor: creen que con el paso de los días el servicio será aún más calamitoso, dado que la empresa está en plena retirada y no tiene ningún interés en revertir la situación.
Si bien desde el 1 de febrero los recorridos estarán a cargo de las firmas KoKo y Expreso Tigre Iguazú, quienes duplicarán la cantidad de unidades en la calle, pondrán coches nuevos con sistema de refrigeración y calefacción y agregarán más recorridos, quedan unos 20 días de padecimiento para los miles de neuquinos y neuquinas que a diario utilizan el transporte público de pasajeros para ir a trabajar o realizar trámites.
“Esperemos que con los cambios todo mejore porque así es imposible, una falta de respeto, vergonzoso”, dice Martín, quien está desde hace más de una hora en la parada del CEF 1 esperando cualquier colectivo que lo deje en el Oeste. “Todos los días es salir y no saber que cole tomarnos; nos subimos al primero que pasa porque ni los choferes saben cuándo viene el que nos sirve”, agrega Josefa, que descansa junto a cuatro bolsas repletas a su lado, pañuelo en mano para secarse la transpiración y los rayos de sol que le incomodan la vista y la inquietan.
Este viernes, a las 9.30, sobre la calle Mitre, a la altura del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), el intendente presentará la nueva flota de colectivos azules y la App para saber cuándo llega el colectivo a la parada y calificar el servicio que presta cada unidad.
Son las 12.15 y la temperatura es insoportable. En una de las paradas de Antártida Argentina la sombra contiene sólo a un hombre mayor y tres niños que están sentados en un tronco, el único flaco que sobresale de la tierra. Las otras seis personas que esperan el 502 se abanican y se ponen sobre sus cabezas lo que tiene a mano para evitar una insolación. El cole no pasa y algunos avisan que está circulando sólo uno y que estaría pasando cada dos horas. Las quejas se multiplican y el enfado aumenta. “Este es el único cole que nos deja cerca de casa, no hay otro que podamos tomarnos porque es caminar y caminar y el día no ayuda”, cuenta Omar, quien todas las mañanas sale de su casa con horarios de llegada al centro y de regreso al barrio inciertos. “Esto no nos sorprende, pero desde hace un mes estamos unidos a la suerte de Dios”, dice Margarita, que utiliza el servicio para ir a limpiar dos viviendas y una oficina ubicadas en el centro.
A estos reclamos se le suman los colectivos que se rompen en diferentes puntos de la ciudad, muestra de la falta de preocupación de la empresa por brindar un servicio bueno hasta el último día, aunque esto no ocurrió casi nunca. También ahí juega el rol del Estado, que, como poder concedente, debería exigirle el cumplimiento de lo estipulado en el contrato. Y en ese punto es donde las y los usuarios le piden al Municipio que actúe y aplique las de la ley. “La empresa hace lo que quiere porque le permiten hacer lo que quiere”, se escucha a lo lejos en una de las paradas de calle Sarmiento. “La Municipalidad debería sacar el servicio ya y que Autobuses pague los daños ocasionados a nosotros, que somos quienes pagamos por el pasaje. Así como se les subsidia debería multarse por no hacer las cosas como corresponde”, agrega otro. Y así podrían sumarse voces y voces.
Los días corren y los problemas con el transporte crecen. Los días corren y la salida de Autobuses se estira sin sentido. Los días corren y la espera por nuevas empresas se hace eterna. Los días corren y los únicos perjudicados son los miles de usuarios que necesitan el servicio para subsistir. Los días corren y las quejas se acrecientan, sin sentido porque nada cambiará. Los días corren y por las calles de la ciudad se ven paradas repletas y pocos colectivos amarillos y blancos. Los días corren y no hay remedio para paliar la agonía.