Graciela Morgade está permanentemente dando clases. No necesita estar dentro de un aula, puede hacerlo en el pasillo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en un auditorio, en una mesa de café o durante una comunicación telefónica. Habla y descarga emociones. Habla y deja conceptos que invitan a la reflexión: educa desde el indisociable vínculo teoría y práctica. Se declara fervientemente feminista, peronista y resalta el valor de lxs docentes y la escuela pública. En esta oportunidad, se tomó unos minutos para hablar con Periódico NQN sobre lo que atraviesa a la educación, los discursos de la derecha, la participación de las familias y el rol del Estado y de la escuela pública dentro de la sociedad.

¿Cómo analiza el presente de la educación, luego de la pandemia y el lento retorno a una normalidad diferente a la de hace unos años?

 

Este tiempo postpandémico que atravesamos tiene, al menos en los niveles secundario y superior, que son los dos que más conozco, una complejidad y desafíos que debemos caracterizar bien. Complejidad, porque el retorno a la presencialidad no es sencillo. Y desafíos, porque, si bien la virtualización en la educación dejó muchas enseñanzas, necesitamos repensar la forma de enseñar desde las instituciones. Y lo digo de manera positiva, no tanto como diagnóstico de situación crítica sino como potencia. También veo, desde una mirada feminista, la necesidad de continuar visibilizando la dimensión del cuidado que tiene el trabajo docente, que tiene el trabajo de enseñar y que también tiene la vida cotidiana; el trabajo de las mujeres y el de las personas que toman el rol femenino. Eso también nos dejó la pandemia y estoy trabajando en dirección a sostenerlo como en foco: la división sexual del trabajo, que hace que socialmente haya “trabajos femeninos”. Esto demuestra que los trabajos femeninos son los trabajos que implican cuidado y que sin las tareas de cuidado no se puede seguir viviendo.

 

Es frecuente escuchar muchos comentarios sobre la calidad educativa, lxs docentes, lxs alumnxs, la repitencia y las evaluaciones desde un sentido común sin profundizar ni tener en cuenta que en el país se atraviesan y se estudia en contextos muy diversos. ¿Qué mirada tiene usted sobre estas posturas, que casi siempre provienen de sectores de la derecha?

 

Respecto a esa opinión pública tan compleja en relación a las escuelas, mi posición personal y validada por muchxs colegas de la educación, es que el proceso social e individual que se da en la escuela no se da en ningún otro ámbito. La escuela del presente y del futuro, probablemente, tenga que profundizar en esa dimensión de la construcción del vínculo, del vínculo humano, del vínculo vital con la vida. Pero es obvio que estos discursos que vienen de la derecha son un paquete que impugnan, básicamente, la presencia del Estado; un mundo que cada vez deviene más individualista. Tal vez esa fantasía de autosustentación individual que generó la propia pandemia nutre algunos rasgos que ya veníamos viendo de las derechas en el plano internacional, con mensajes como “no necesitamos al Estado”, “el Estado nos limita, nos cercena, nos censura”, y en esa impugnación al Estado entran también las escuelas, y en general las escuelas públicas, porque esos discursos tienden a hacer fuerte valoración de la educación privada, de los ránking, de las instituciones de élite. No impugnan a la institución escolar, impugnan a la educación pública. Hay un proceso que excede a la escuela y es una lucha de paradigmas que tiene muchos planos y que se juntan con la crisis del capitalismo, con el racismo y con las fobias a las migraciones. Todos estos sistemas de dominación, que están articulados para producir desigualdad, junto con el patriarcado, son sistemas de dominación que también entraron en una fuerte crisis, porque la pandemia también fue un impacto económico, y cuando hay crisis económica sabemos que los discursos de la derecha recrudecen. Como primera medida, hay que conservar una mirada amplia y no poner sólo el ataque a la escuela pública como un ataque a la escuela como institución; es un ataque a la forma de lo colectivo y de pensar al Estado, que viene creciendo en esta crisis.

 

¿Cuán importante es el rol y la territorialidad que tienen los gremios a lo largo y ancho del país para defender los derechos, conseguir conquistas laborales y defender la escuela pública?

 

En este plano de la discusión y de lo general, la pregunta es quiénes son los actores claves para defender y también para interpelarnos. Soy peronista, en la primera pregunta me definí como feminista y en esta me defino como peronista, y considero que lxs trabajadorxs organizadxs son una columna vertebral de la organización de la sociedad en términos de garantía de la lucha por sus derechos y son factores dinamizadores del trabajo. Dicho esto, también creo que los sindicatos -al igual que las instituciones y que todas las personas que tenemos responsabilidades de conducción- tienen una tarea por delante: la pandemia demostró que debemos procurar defender y hacer nuestra autocrítica para pensar cómo damos una vuelta de tuerca a nuestro trabajo. Lo digo en primera persona porque en este momento soy Vicedecana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y uno de los ejes que nos preocupa es procurar evitar que la defensa de una forma de trabajo frente al intento de avasallamiento de los sectores conservadores se transforme en una defensa a ultranza de lo que siempre hicimos, porque lo que siempre hicimos tiene muchos problemas, porque o no terminó de ser democratizador o no terminó de ser inclusivo en un sentido cultural, social y político o no terminó der ser interesante y en ese círculo no terminamos de encontrarle la vuelta para trabajar con lxs jóvenes. Es un gran desafío por delante y creo que los sindicatos docentes en Argentina han sido y son un factor de creación de conocimiento pedagógico desde esta perspectiva.

 

Pensando en términos de la autoridad como un ejercicio en revisión y construcción, ¿cuáles son los desafíos que tienen lxs docentes en el presente y mirando a futuro?

 

Veníamos hablando de los sindicatos docentes y ellos han sido un factor muy relevante en este sentido. La docencia es una tarea de autoridad que se debe construir desde esa perspectiva, y cuando pensamos en autoridad pensamos en una autoridad que da el conocimiento, una autoridad que autoriza, y para eso debe haber una persona que autorice a sus estudiantes a pensar, a crear, a estudiar. Me parece muy interesante pensar al trabajo docente desde la perspectiva de la autoridad. ¿La autoridad qué es? La autoridad es el ejercicio del poder y el reconocimiento que lxs otrxs (estudiantes, familias y las autoridades formales como los equipos directivos) le dan a una persona respecto de su posibilidad de ejercer el poder. Acá nos surge la pregunta ¿tenemos poder y el poder para qué? El poder en este contexto, claramente, tiene una y otra vez que orientarse en el gran discurso de los Derechos Humanos. Creo que la fuerza de la autoridad autorizada y autorizante en la que el sistema educativo encuentra un lugar más significativo y relevante es que el horizonte utópico es el horizonte de los Derechos Humanos y hacía ahí encaminamos, porque el derecho a saber, a pensar, al acceso y a graduarse tiene que ver con un conjunto de factores estatales que garantizan ese derecho. Por ende, el lugar docente es la autoridad que garantiza derechos amorosamente, ese amor político que representa la convicción de que estamos trabajando con unx otrx, con derechos y desde una amorosidad política y en dirección a la emancipación. Tal vez suene un poco abstracto, y aunque en cada nivel educativo este tema se cocine de manera diferente, tengo esa convicción interna que esa es la direccionalidad del ejercicio del poder. No tengamos miedo a pensarnos con poder, aunque a veces haya un poco de temor a hablar del poder por cierta rémora del autoritarismo en la Argentina, y a caminar con la convicción de que somos personas con poder para contribuir a la justicia social.

 

¿Y los desafíos de los equipos directivos? Le consulto sobre ellos porque muchas veces son obviados y cumplen un rol de conducción central dentro de una institución…

 

Los pienso en el mismo sentido que hablaba del sector docente. Los equipos directivos son uno de los roles centrales en esta organización del poder. Obviamente hay una larga historia de formulación y de reformulación y el pensamiento de la pedagogía crítica, el pensamiento contemporáneo, procuró salir del lugar de pensar y ejercer en los cargos directivos como el lugar amenazante, el de la censura, el del control y mucho más pensarlos como el lugar de lo que habilita. Y lo pienso mucho desde la perspectiva feminista, desde la perspectiva de la Educación Sexual Integral, porque nos encontramos una y otra vez con enormes desafíos, por ejemplo, de ser equipos directivos, autoridades formales, que habilitan a que se desarrollen proyectos que van un poco más allá de lo que está escrito y un poco más allá de la organización formal escolar y se arman colectivos docentes, colectivos de docentes y estudiantes, proyectos que duran un tiempo, búsquedas, intentos, esta “experimentación pedagógica” a la que también nos tenemos que animar. Bueno, está la autoridad que autoriza, el equipo directivo que acompaña, que estimula y que banca es el mejor de los lugares para validarse, para ser también otro lugar de autoridad. Es un proceso complejo y hermoso cuando eso se puede abrir, deconstruir y pensar en conjunto, aunque muchas veces es más sencillo esconderse detrás de los papeles y de la burocracia y quejarse o decir “no se puede”, o en todo caso que el tiempo pase atendiendo urgencias. Pienso fuertemente a las conducciones de las instituciones educativas desde el lugar de la colegialidad, entre colegas, que tienen distintas responsabilidades. Hay muy interesantes proyectos que ven la luz, que se desarrollan y que validan esta idea de que los equipos directivos son una potenciación del trabajo institucional y son, además, claves en el trabajo institucional.

 

Escuchar o plantearle que la escuela vive una crisis desde hace unas décadas no es ninguna novedad. Ahora, cuáles son, a su entender, esas prácticas que siguen reforzando esa idea de crisis…

 

Esta es la gran pregunta: la crisis educativa. Como bien marcás, si nos remontamos a la historia parecería que crisis educativa hubo siempre. ¿Qué creo que hemos logrado y qué creo que no hemos logrado? No hemos logrado cambiar la escuela secundaria, por ejemplo. Creo que nos compramos un discurso de que la escuela primaria está resuelta y parecería que no es así, porque muchos de los temas de la escuela secundaria también tienen que ver con la finalización de la primaria. De alguna manera, en la actualidad, más que crisis, lo cual no sería ninguna novedad, estamos en una situación postpandémica en la que se habló mucho de educación y donde la educación es un eje de campaña permanente, y es un eje de tensión con el Gobierno Nacional actual. Han elegido a la Educación como un eje de tensión.

Hace poco salió una investigación que arrojó los mismos resultados que hace 20 años había arrojado en la Ciudad de Buenos Aires un estudio internacional similar. Este trabajo muestra que cuando se le pregunta a una persona cuál es su opinión sobre la educación en general, el 50% tenía una opinión mala o muy mala, pero al preguntarle por la escuela de su hijx, el 90% opinaba que la escuela era buena o muy buena. Con este ejemplo quiero marcar que es evidente que también hay una manipulación del sentido común de la opinión pública o publicada, que es la de pensemos que hay crisis educativa, que pensemos que la escuela no responde, etc. Las personas que nos dedicamos a la pedagogía critica, a la conducción de instituciones y los sindicatos tenemos que hacer ese registro doble y trabajar lo que podríamos llamar “el empoderamiento” o “la autoestima”, que es no multiplicar los discursos de que la educación es un desastre. No seamos nosotrxs el eco de esos discursos, porque perecería que las familias no opinan eso de cada escuela.

 

También escuchamos con frecuencia hablar de “comunidad educativa” a la hora de enfocarnos en los directivxs, docentes, estudiantes y las familias. ¿Qué gestos debería tener la escuela para incluir definitivamente a las familias?

 

Hasta hace muy poco me tocó estar en el Ministerio de Educación Nación conduciendo un programa llamado Cooperar, que se definió como un programa de apoyo y fortalecimiento a las cooperadoras escolares. Creo que las familias organizadas están en las cooperadoras y por ende creo que hay que profundizar el trabajo con las cooperadoras en el marco de las comunidades educativas, en un proyecto educativo y pedagógico más amplio. Durante ese trabajo, nos dimos cuenta de que las familias tienen muchas dificultades en sostener una participación, más profundizado en las escuelas que tienen comunidades con necesidades básicas insatisfechas. Es necesario que las conducciones de las instituciones pongan atención en esta problemática para que puedan conformarse las cooperadoras y encontrar los modos de trabajo en las que haya la mayor cantidad de familias posibles. Las familias bancan a la escuela. La escuela no puede sola, pero la escuela tampoco debe sola; la participación es un factor de calidad de la educación y las familias, en particular las organizadas en cooperadoras, forman parte de ese reaseguro de calidad.

 

Para ir cerrando esta charla le hago dos consultas que bien podrían ir unidas en una misma respuesta. En un contexto en el que la lógica neoliberal coloniza subjetividades, ¿cómo se construye o resignifica el deseo de enseñar? Y ¿cuál es el camino a seguir en busca de una educación pública humanística, emancipadora y que reivindique a la escuela como un lugar donde pueden suceder cosas que fuera de ella nunca sucederían?

 

Es bastante difícil enseñar si no hay una pasión o un interés enseñante de las personas, y lo vemos, en particular, en los proyectos de Educación Sexual Integral (ESI), donde vemos que hay una convicción, una pasión, hay estudio, hay búsqueda, hay prueba. La escuela es el lugar de construcción de posibilidad para una vida en común; la escuela es la institución de construcción de una cultura de paz, es el lugar de construcción de la posibilidad de que haya unxs otrxs con derechos y que esxs otrxs me consideren como sujeto de derecho y sujeto de deseo. Y quisiera cerrar con esta idea: sujeto de derecho y sujeto de deseo: docentes, estudiantes y niñxs sujetos de derechos y sujetos de deseos hacen en la escuela algo que no pasa en ninguna otra institución en donde la posibilidad de construir una arena común sea parte de la propia función. Por eso tenemos este tesoro para cuidar, para reformular, para pensar, para discutir, para debatir y también para amar profundamente.